El ser humano es un ser maravilloso, con tantos caminos por recorrer y muchos más por explorar. Hay muchas dudas por aclarar, y muchas preguntas que contestar. El amor es uno de los misterios más grandes, más poderosos, y más lindos que todo ser jamás haya experimentado. Pero cuando un amor es imposible ese será el dolor más fuerte y más absurdo que alguna vez se vivirá. Un amor que nunca podrá ser, vivirá siempre en nuestros corazones. Al principio lloraremos, por el simple hecho que no entenderemos el porqué de las circunstancias. No entenderemos porqué si dos personas se aman, no pueden estar juntas. Dos corazones que laten en un mismo compás pero tienen que partir hacia distintas direcciones, la vida les ha puesto caminos diferentes en los cuales nunca volverán a encontrarse, o tal vez se volverán a encontrar pero no de la misma manera que lo habían alguna vez hecho. Ha sido un amor tan efímero, pero a su vez con tanta plenitud, que es inimaginable creer que nunca volverá. Ese sentimiento de ahogo, en el cual nuestros corazones se encuentran en ese momento será una huella que marcará nuestras vidas para siempre. Esa llama que alguna vez ardió perderá su color y caerá en un abismo tan pero tan oscuro que nunca se podrá encontrar una salida, o al menos así lo creeremos. Éste amor fue todo y se convertirá en una nada que llevará a profundas tempestades. En este momento todo está perdido, y a su vez nada está perdido.
Una de las cualidades más grandes del ser humano y lo que nos hace vivir día a día es ese destello de luz, esa razón por la cual abrimos los ojos cada mañana. A esta razón existencial le llamamos comúnmente esperanza. La esperanza mueve masas, cómo no podría mover a nuestros pequeños e insignificantes corazones. Pues claro, ésta es la luz y la claridad que todo hombre encuentra al final de la oscuridad. Ese amor se convierte en una esperanza que algo nuevo, diferente y más grande nos espera. En ese momento de completa y profunda tristeza, en ese sencillo pero gran momento, nos descubrimos a nosotros mismos, y aquí es cuando la esperanza nos ha dado una segunda oportunidad. Esa oportunidad que todo hombre anhela. Esa oportunidad que si se mira con claridad nos llegará. Y ese amor imposible, ¿qué pasa con ese amor apasionado, maldito pero más bendito que nunca? Ahora comprendemos que ese amor fue el mismo que nos hizo ver la luz, fue el mismo que nos abrió las puertas al paraíso, que encendió una llama con más calor, más color, nos hizo tocar nuestro espíritu, nos hizo ver a nuestro creador. El que todo lo sabe, El que nos conoce completamente, éste amor nos hizo poder sentir a Dios. Dios, nuestro Padre que nos dio un amor imposible para poder llegar al amor más posible de todos. Fue el que nos hizo abrir el camino hacia una luz más clara, que nos llevó hacia El. En este camino seguramente tendremos más decepciones, más amores, pero lo más importante es que Dios será nuestro guía en este camino tan difícil de comprender pero al mismo tiempo tan bello que lo querremos recorrer mil veces más. Al final, nos damos cuenta que no existe un amor imposible, solamente dos corazones que laten tan fuerte y tienen tanto amor para dar que tuvieron que caminar por diferentes rumbos repartiendo ese amor que Dios les entregó. Aunque estos corazones estén separados físicamente, siempre habrá un hilito, por más pequeño que sea, que los unirá para toda la vida, la esperanza. La esperanza de volver a entregar todo ese amor que Díos les dio y compartirlo aún más que cuando lo hicieron con ellos mismos.